Inventor de 15 años ganador del Invent Your World Challenge

[singlepic id=400 w=160 h=120 float=left]Con 15  años, ya puede presumir de haber imaginado un sistema a base de algas cuyo propósito es nada menos que satisfacer todo tipo de necesidades humanas, desde energéticas hasta alimentarias, en zonas del planeta que siguen esperando la llegada del progreso. “Me gusta inventar cosas”, afirma sin más el estadounidense Javier Fernández-Han, ganador del concurso Invent your world challenge para jóvenes talentos.

El primer premio le fue concedido por la Fundación Lemelson -lleva el nombre de Jerome Lemelson, uno de los inventores más prolíficos de EE UU- y la ONG Ashoka, dedicada a respaldar a emprendedores sociales. “Ayudar a los pobres puede ser muy rentable”, dice, mientras agita su chocolate con leche como si en él hubiese alguna idea de provecho. El sistema que le valió el premio es un mecanismo autoalimentado: combina una decena de tecnologías para crear un sistema que genera biocombustibles, trata residuos y algas comestibles, todo de forma sostenible. “Me gusta pensar en cosas que ayuden a los pobres. Es más interesante que hacer iPods para los ricos”, explica Javier.

Su madre, de origen mexicana, y su padre, taiwanés, se conocieron en la prestigiosa Universidad de Brown (Rhode Island). Optaron por educarle en casa, convencidos de que la escuela frenaría su potencial. Su madre, María Teresa, relata cómo su otro hijo, Fabián, está más centrado en las finanzas, pendiente todo el tiempo de la Bolsa -“Una vez me despertó a medianoche: ‘¡Mamá, tengo que comprar acciones de Apple ya!”-. Los padres, que parecen haber planeado una ambiciosa vida familiar -incluso cambiaron el orden de los apellidos de sus hijos porque sonaba mejor así-, explican que educarles en casa permite que se centren en sus pasiones. “Además, son complementarios: el primero podría dedicarse a inventar y el segundo a buscar la financiación”, precisa Peter, el padre.

Javier quiere ir a Stanford y ya tiene tarjeta de visita. Uno se pregunta si no va demasiado rápido, si la infancia para él no ha sido más que un mero trámite que solventar cuanto antes para llegar a la parte adulta. “Me han educado de una manera distinta, pero hago lo que me gusta”, dice minutos antes de que su padre, oyéndole toser y siguiendo de lejos la entrevista en una mesa de al lado, le traiga un vaso de agua.

¿Cree que la vida normal de los jóvenes de su edad es aburrida? ¿No echa en falta hacer tonterías en el recreo con los amigos? “Tengo muchos amigos implicados en mi ONG, Inventores sin Fronteras. La gente de mi edad podría hacer más, pero no saben cuáles son sus pasiones”.

Fuente: elpais.com – www.1buenaidea.com

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