“El Pensamiento Creativo” para generar nuevas ideas

[singlepic id=37 w=160 h=120 float=left]El pensamiento creativo está relacionado con el hecho de establecer nuevas conexiones neurales en el cerebro para permitir que las ideas creativas tengan la oportunidad de surgir. A pesar de que la mayoría de las personas preferirían mantener la comodidad propia del orden, el control y “lo correcto”, el pensamiento creativo supone dejar de lado todo lo que sea familiar y aventurarse en territorios no explorados.

Uno de los factores más importantes del pensamiento creativo está en que la persona confíe en sus potencialidades creativas: todo el mundo es capaz de ser innovador. Cualquier persona que sea: curiosa, aventurera, observadora, reflexiva, juguetona, intuitiva, motivada, colaboradora, analítica, persistente o desee retar el status quo, es una persona creativa. Cualquiera de estas características puede ser aplicada a los esfuerzos innovadores en el trabajo.

Las habilidades artísticas no constituyen la única forma de expresión creativa. El gerente que descubre una mejor forma de reclutar personal o la persona que descubre una vía muy rápida para llegar al trabajo, son tan creativos como el más brillante de los redactores publicitarios. Por otra parte, cada persona es creativa a su manera y encara la innovación y el cambio a partir de una mezcla única de: visión, exploración, experimentación y modificación.

Cuando las organizaciones combinan los talentos particulares (a parte de aquellas lingüísticas y matemáticas, existen otro tipo de inteligencias también válidas) y el modo de innovar de cada individuo en un esfuerzo mancomunado, la calidad de la interacción y los resultados del grupo mejoran considerablemente.

Sin embargo, las personas no pueden pretender pensar “fuera de la caja” si constantemente retornan a la misma, es decir, si constantemente levantan barreras en contra de la expresión de su creatividad.

Para prevenir que los músculos de la creatividad se atrofien, es necesario:

1. Intentar nuevas cosas.

2. Buscar respuestas alternativas una vez que la “respuesta correcta” ha sido obtenida.

3. No controlar los puntos de vista y las opiniones de los demás.

4. Olvidar algunas de las viejas reglas y modos de hacer las cosas.

5. Aceptar que el fracaso es siempre posible.

El fundamento primordial de la creatividad es una mente curiosa. Todas las innovaciones comienzan como simples ideas. Pero, para que estas se concreten, es necesario:

1. Reconocer que pueden existir ideas alternativas.

2. Estar dispuesto a cambiar nuestro “modelo mental” cuando aparezca nueva información.

3. Desafiar las opiniones, convicciones o reglas que quizá ya no sean relevantes.

4. Contener el criticismo mientras no sea revelado todo el potencial de una idea.

Asimismo, puesto que es posible encontrar ideas y soluciones por doquier, el proceso de recolección de ideas de la organización debe ser lo suficientemente amplio como para:

1. Buscar ideas en áreas de poco interés.

2. Consultar expertos.

3. Tomar en cuenta otras empresas (incluso extranjeras).

4. Acceder a perspectivas que no estén relacionadas con el problema.

Además, dicho proceso debe ser capaz de manejar toda la serie de hechos, recuerdos, emociones, observaciones, percepciones e impresiones que surjan. Pero es importante saber distinguir entre “ver diferentes perspectivas” y “ver de hecho diversas facetas”. En este sentido, es preciso eliminar las barreras mentales que automáticamente nos imponemos y desarrollar nuestra capacidad de observación.

El pensamiento creativo comienza con grandes preguntas, en vez de con grandes respuestas. Para una mente curiosa no existe indagación ociosa. Esta se toma su tiempo para preguntar por los hechos en cualquier situación. Su consigna creativa es: “¿por qué?, ¿qué tal si…? qué más?”.

Sin embargo, la primera (¿por qué?) es la pregunta más efectiva, dado que explora la explicación tras la cosa investigada y abre la posibilidad de otras alternativas. Los grandes pensadores creativos no se conforman con respuestas superficiales. En vez de asumir soluciones con demasiada celeridad o que no responden a las necesidades del verdadero problema, preguntan una y otra vez: “¿por qué?”.

Fuente: Semillas de Inspiración – Elaine Dundon – artículo editado por www.1Buenaidea.com

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